Telenovelas históricas: Propaganda del régimen, entretenimiento y recurso didáctico. El caso de las representaciones de la Independencia.

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La muerte del actor Juan Peláez el pasado día 23 de noviembre abre la oportunidad para evocar la que se recordará como su actuación más valiosa desde el punto de vista histórico: su encarnación del cura Miguel Hidalgo en la telenovela histórica La Antorcha Encendida. Transmitida por el canal 2 de Televisa del 6 de mayo de 1996 a 15 de noviembre de 1996, se trató de la última producción de Ernesto Alonso de una serie televisiva con carácter de medio de divulgación histórica y por casi tres lustros, hasta las conmemoraciones de 2010, fue también la última vez que la empresa de Emilio Azcárraga se interesó por llevar a la pantalla chica algún programa sobre los eventos históricos de México.

2010, el año del Bicentenario de la Independencia y el prácticamente deslucido Centenario de la Revolución, ha sido motivo de polémicas de toda índole, más si se contrasta con los festejos de un siglo atrás; más allá de la discusión en torno al desfile o las obras no inauguradas para tal motivo, la ocasión ofreció para algunos escritores, que no historiadores, la oportunidad de presentar al público una serie de libros de ficción histórica, algunos de muy cuestionable veracidad, tales como la trilogía de Francisco Martín Moreno, Arrebatos Carnales, las cuales no pasarían de ser unas más dentro del catálogo de las tiendas departamentales del hombre más rico de México y a veces del mundo, de no ser por el aparato publicitario por el que se asume como un nuevo Moisés portador de las Tablas de la Ley de la verdad histórica.

Aquellas fiestas patrias, celebradas en el contexto de un gobierno de ideología conservadora y permanente acechado por la sombra de la presunción de ilegitimidad, cuyas bases fundacionales son ni han sido cercanas ni al pensamiento insurgente y menos aún al revolucionario,  han pasado a la memoria como un derroche y exhibicionismo de frivolidades. En tal contexto, ya sin la presencia del “Señor Telenovela”, Ernesto Alonso, fallecido en 2003, las miniseries Gritos de Muerte y Libertad (2010) y El Encanto del Águila (2011), producidas esta vez por el segundo al mando de Televisa, Bernardo Gómez, llegaron a los hogares mexicanos ofreciendo una nueva forma de transmitir visualmente los eventos históricos, ya que en ambos casos estas producciones rompieron el esquema que había caracterizado a las telenovelas históricas al haber sido realizadas con técnicas cinematográficas y en episodios cortos no necesariamente ligados a través de un argumento melodramático y ficticio. A pesar de los avances tecnológicos que claramente se distinguen en la realización, cada una en lo particular deja cuestiones pendientes que al espectador avezado en la historia de los periodos referidos, así como en su ambientación, léxico e iconografía, cala en la inteligencia. El historiador de la UNAM, Ricardo Gamboa, señaló para la ocasión en La Jornada varias de las inconsistencias de la primera serie:

En algunas escenas hay violencia excesiva; por ejemplo, en los acontecimientos de la toma de la Alhóndiga de Granaditas no hay ninguna explicación, y lo presentan como un hecho muy violento. Y sí, hay que decirlo, es verdad que asesinaron a muchos de los que estaban ahí, pero se interpreta como si la toma hubiera sido producto de la ignorancia de las masas. La violencia en la historia tiene causas y explicaciones, pero lo que presenta Televisa es a una bola de desarrapados matando a españoles en la Alhóndiga; lo exhiben de una manera exagerada, sin explicar lo que realmente sucedió.[1]

 

Además del incurrir en el error de presentar a los personajes históricos con atribuciones de un comportamiento actual, el presentismo, acusa la desvirtúo de los acontecimientos y el maniqueísmo de los personajes. Por otra parte, uno de los aspectos dejados de lado y que contrasta con las realizaciones de Alonso, es que la serie falla tanto en las locaciones como en el vestuario, ya que prácticamente no se acude a los sitios originales, los cuales, pese a las modificaciones de que han sido objeto a lo largo del tiempo, han servido para la grabación de los capítulos más trascendentales, y además en no pocas ocasiones se representan a los personajes con atuendos que nada tienen que ver ni con el cargo que ostentan no con la época en que viven y en casos realmente lamentables, ni si quiera guardan parecido alguno con quien dicen representar, lo que lleva irremediablemente a la serie caer en el ridículo en no pocos momentos, casos concretos, los virreyes Iturrigaray y Venegas, los precursores Primo Verdad y Azcárate, un Miguel Hidalgo desquiciado y con una evidente calva de látex, un Morelos sólo reconocible por el paliacate, un ofensivo cavernícola que se quiere hacer pasar como Guerrero y un Iturbide más bien parecido al último Simón Bolívar.

 

Los diálogos acartonados en nada ayudan a la serie y la intención de los realizadores provocar polémica mediante la presentación de eventos en una forma heterodoxa, a nadie dejan indiferente. Precisamente la escena más cuestionada es la del ataque a la Alhóndiga de Granaditas, pues se llega a ese momento histórico sin mayor contexto que la aparente visión de quien sería el bastión intelectual del conservadurismo, Lucas Alamán, pero sin contraste alguno, de manera que la serie toma esta versión como la única verdad, lo que invita a la reflexión del letrado y a la confusión del neófito. El gran ausente es El Pípila, ya que Alamán rechaza su existencia, no así otro de los principales historiadores de la Independencia, Carlos María de Bustamante, a quien se debe la narración más detallada de sus acciones.

Extraña que si la aparente intención era generar polémica no se haya dado lugar a la reflexión sobre posturas antagónicas sino simplemente se presentara una y de manera dogmática, hecho que a la luz de una época de resignificaciones y cambios de paradigmas demuestra que los extremos se tocan al caer en lo que se critica. No obstante que entre los créditos de asesoría histórica se encuentran los nombres de reconocidos historiadores como Enrique Florescano, Rafael Rojas y Javier Garciadiego y, por supuesto, tratándose de Televisa, Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, varias de las representaciones son, como se dijo, poco serias y hasta ridículas y ofensivas. Sobre este último recae la crítica e indignación del pintor e historiador guerrerense Ricardo Infante Padilla, coordinador del Taller de arte de la Universidad Autónoma de Guerrero: Es una vil mentira el personaje [de Vicente Guerrero] que creó Krauze, quien es un escritor de la derecha y siempre ha sido un bufón”.[2]

Contrariamente, como se mencionó al principio, la interpretación del finado actor Juan Peláez de Don Miguel Hidalgo y Costilla, en 1996 es quizá una de las mejores que se han visto. Otros actores que han llevado esta responsabilidad han sido Alejandro Tomassi, justamente en la serie arriba referida, Demian Bichir, cuya representación del Padre de la Patria es más cercana a Demian Bichir que al cura de Dolores, Juan Carlos Colombo, brevemente en la película biográfica de la heroína michoacana Gertrudis Bocanegra, y en la pantalla de plata Enrique Rambal, Julio Villarreal y Paco Martínez y Felipe de Jesús Haro, cada uno en una actuación acomodada a la época de producción.[3]

El elenco tiene aciertos y desaciertos, pero evidentemente la elección de Peláez encabeza la lista de los primeros seguido por Sergio Reynoso como Morelos, Roberto Ballesteros quien repite como Guerrero (apareció brevemente en el primer capítulo de El Vuelo del Águila en 1994), y todos los virreyes: Sergio Bustamante como José de Iturrigaray, Carlos Piñar como Francisco Xavier Venegas, un impecable Enrique Rocha como Félix María Calleja  y Sergio Kleiner como Juan Ruiz de Apodaca, todos ellos con un parecido muy apegado a la iconografía conocida. Contrastantemente no es posible hacer elogio alguno de María Rojo como Doña Josefa Ortiz de Domínguez, muy por debajo de la nueva versión con la destacable actuación de Lumi Cabazos, un injustificable Ernesto Laguardia como Ignacio Allende, un desconocido Juan José Arjona como Mina, Odiseo Bichir como Fray Servando Teresa de Mier, cuya caracterización está totalmente fuera del personaje y un muy acartonado y robótico René Casados como Agustín de Iturbide.

En la parte ficticia, la trama se desarrolla a través de la rivalidad entre dos familias, Los Foncerrada, americanos y los De Soto, gachupines (de esta familia sólo merece la pena destacar la muy entretenida relación entre los personajes de Juan Ferrara, cuyo físico no asemeja el tipo español, y de Ofelia Guilmain, hijo y madre en la vida real, y yerno y suegra en la telenovela, quienes viven el ocaso del reino de la Nueva España y la lucha independentista en una permanente tensión que se traduce para efectos del guion en una constante serie de insultos muy finos y castizos) .

Son los primeros, los Foncerrada, quienes llevan la trama, pues se trata de una familia americana, construida para los efectos argumentales muy artificialmente, ya que se integra con un representante de cada una de las principales castas en que se dividía la sociedad novohispana, con Humberto Zurita como actor principal interpretando a un joven criollo, quien será en este melodrama el ejemplo de bondad, rectitud y patriotismo, y que por azares del destino y decisión de los guionistas, siempre estará presente en el momento y lugar exacto de los acontecimientos de la guerra de Independencia, obviamente de parte de la causa insurgente.

Siguen sus hermanos Ari Telch, quien lleva el papel antagónico del hermano adoptivo, también de origen criollo, pero éste de carácter voluble y malvado, quien no duda en unirse, curiosamente, al ejército realista, pues ¿cómo habría de desarrollarse un melodrama propio de la principal empresa televisora privada si no es por la contraposición de caracteres entres sus protagónicos? El riesgo es llevar dicha fórmula a la representación de los hechos históricos con lo que se cae irremediablemente en el maniqueísmo como la única explicación visible  del desarrollo posterior de la realidad.

Completan el reparto familiar los hermanastros mestizo, indio y negro, todos quienes serán fieles insurgentes que caerán en combate a lo largo de los once años de lucha. Une a la familia la cariñosa viuda Juana, quien dio crianza a la particular prole, interpretada por una muy deslucida Patricia Reyes Spíndola, si se le compara con su papel anterior en la otra telenovela histórica como Petrona Mori, la madre de Porfirio Díaz.

La producción, como se mencionó, corrió a cargo del “Señor Telenovela”, Ernesto Alonso y el guion fue del historiador Fausto Zerón Medina. La obra, sin embargo, no estuvo al nivel de su antecesora, El Vuelo del Águila, la biografía de Porfirio Díaz, principalmente debido a la inverosimilitud de la trama ficticia, por la artificialidad y pobreza de algunos vestuarios, por lo acartonado de ciertos diálogos y por los actores mal elegidos para personajes de capital importancia.

¿Qué uso se puede dar entonces a este tipo de materiales? ¿Pueden ser un medio eficaz para la transmisión de la historia en el ámbito docente? ¿Es posible considerarlos como un objeto de estudio en sí? ¿Son producto de una legítima y desinteresada intención de brindar al televidente una acertada lección de historia patria? ¿Son un instrumento de legitimación del Estado?

A propósito de la utilidad de este tipo de producciones como un vehículo educativo, en un reciente artículo menciona Miguel Alemán Velasco, quien por muchos años se desempeñó en las más altas esferas de Televisa que, en cierta ocasión, conversando con David O. Selznick, productor de Lo que le viento se llevó, éste le confió a la fórmula secreta del melodrama histórico: “integrar una historia romántica dentro de los eventos históricos más relevantes del país en locaciones originales, con asesorías históricas y de vestuario necesarias para dar realismo y apego a los hechos”. Asegura además que “el resultado fue positivo: la sociedad, en especial la niñez asimiló la vivencia con personajes representativos, los principales hechos de nuestra historia, fortaleciendo los valores cívicos y el respeto a nuestras instituciones, héroes y símbolos patrios”.[4]

Lo dicho por el hijo del ex presidente, el primero que apareció en televisión pone a pensar en cuándo y por qué se realizan las telenovelas históricas. Cierto es que Televisa, Televicentro o Telesistema Mexicano, como nació en el sexenio alemanista, siempre tuvo muy claro su papel dentro del régimen al asumirse como un bastión del sistema y su gente soldados del PRI, de ahí que, para responder a las interrogantes anteriores no sea gratuita la emisión pero a la vez la censura sobre ciertos temas, tal y como lo señala un observador y crítico:

¿A usted no se le hace demasiada casualidad que El carruaje (1972), la telenovela histórica sobre la vida de Benito Juárez, se haya grabado y transmitido justo en el momento que más le convenía a Luis Echeverría Álvarez? ¿No se acuerda usted que todo lo referente a Lázaro Cárdenas fue mutilado de Senda de gloria (1987), durante la primera campaña de Cuauhtémoc Cárdenas a la Presidencia de la República en su primera retransmisión? ¿Qué me dice usted de que la vida del dictador Porfirio Díaz (El vuelo de águila, 1994) haya engalanado el surgimiento del zapatismo y los magnicidios del sexenio de Carlos Salinas de Gortari? Es famosa a nivel internacional la anécdota de que Televisa mutiló todo lo referente a Emiliano Zapata de los capítulos originales de El vuelo de águila para impedir la propagación de los ideales del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. ¿A usted no se le hace sintomático que nomás salió el PRI de la Presidencia de la República, México haya dejado de producir telenovelas históricas?[5]

 

A lo anterior habría que matizar algunas cuestiones. Quizá sea exagerado suponer que la producción y transmisión de El Carruaje, en 1972, obedezca necesariamente a un intento de desviar la atención sobre los  entonces recientes acontecimientos de represión estatal de 1968 y 1971, de los cuales hasta hoy, el nonagenario Luis Echeverría ha eludido toda responsabilidad jurídica. No se percata el autor de la columna que en 1972 se conmemoraba el centenario de la muerte de Benito Juárez. El resto de las aseveraciones resulta plausible, aunque le anónimo autor de la nota no hace referencia alguna a La Antorcha Encendida, la cual no parece estar relacionada con evento político alguno, sino más bien, con la intención de aprovechar el éxito de su predecesora, El Vuelo del Águila.

Sobre Senda de Gloria valdría la pena conjeturar con mayor profundidad sobre el tiempo de su emisión, pues sucede hacia la mitad del sexenio de De la Madrid, periodo amargo en que la conducción del Estado y la economía llegaron a su punto más bajo, lo que contrasta desde el nombre con la intención de la telenovela una oda al régimen posrevolucionario, no a través de la lucha armada, sino desde la promulgación de la Constitución de 1917 hacia la construcción del México que pasó de ser un país de caudillos a un régimen de instituciones, como aquella que patrocinó la producción, el Instituto Mexicano del Seguro Social. Pese a esta evidente injerencia estatal Senda de Gloria es recordada como una de las más impresionantes producciones en materia de telenovelas históricas.

 Más allá del uso estatal que estas producciones puedan o no tener, una buena selección de las escenas trascendentales, mismas que hoy en día pueden descargarse de youtube, gracias al trabajo de recreación y ambientación, pueden servir como una herramienta para la enseñanza de la Historia en esta época en la que la tecnología se vuelve imprescindible para la docencia. Lo dicho arriba por Alemán Velasco puede ser tomado justamente en los dos sentidos que refleja: la telenovela histórica es útil en tanto herramienta de divulgación y a la vez, como un posible objeto de estudio como producto de un determinado contexto político.

Como lo primero, en los tiempos actuales es una lástima que las pasadas producciones del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, aún con un elenco refrescado, muchos de ellos de amplia experiencia teatral, y con toda la tecnología CGI aplicada, no hayan tenido el alcance de las telenovelas de vieja factura, aquellas producidas por Ernesto Alonso y las más antiguas con guiones de Miguel Sabido.

Más lamentable aún si se compara con los trabajos realizados en Chile y Argentina, por ejemplo las muy profesionales series preparadas al menos desde cinco años antes de los festejos, como Héroes: la gloria tiene su precio, Algo habrán hecho, Lo que el tiempo nos dejó e Historia Clínica. Por lo segundo, pareciera que la Historia de México sólo resultó materia prima para oportunistas y manipuladores, los que el historiador Pedro Salmerón, en sus recurrentes columnas en La Jornada llama  falsificadores de la historia, escritores, que no historiadores, quienes mediante best sellers se ostentan como portadores de la verdad histórica, una verdad muchas veces más cercana a la diatriba o al chisme de alcoba que a la investigación seria y documentada. Otra visión fue la de reducir la gesta de 1810 a una película que se queda en el intento más que de llevar la historia mexicana al público infantil, de emular a las producciones de animadas de verano de Walt Disney Pictures con todo y canciones empalagosas, personajes inmunes al paso del tiempo y mascotas humanizadas, tal y como se presentó en como fue el muy cuestionable largometraje de animación Héroes Verdaderos, con talentos de la talla de Brozo y Galilea Montijo en las voces de Morelos y la Corregidora, respectivamente.

Al margen de su contexto político, todos estos documentos audiovisuales pueden constituir en manos del historiador y/o del docente correspondiente un valioso material que, bien empleado, puede ilustrar sobre los hechos pasados así como la mirada de los representa. Ojalá el tiempo y la experiencia sirvan para mejorar o rectificar en otra generación lo hasta ahora andado.


[1] Plagada de inconsistencias, la serie Gritos de muerte y libertad. La Jornada, 15 de septiembre de 2010. http://www.jornada.unam.mx/2010/09/15/politica/009n2pol

[2] Difama serie de Televisa a varios héroes. La Jornada, 18 de septiembre de 2010. http://www.jornada.unam.mx/2010/09/18/index.php?section=politica&article=014n1pol

[4] Miguel Alemán Velasco, La nueva ecuación de la educación. El Universal, 16 de octubre de 2013. http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2013/10/66976.php

Un lacayo en la discordia por el petróleo argentino

Soy hijo de ingeniero petrolero egresado del Instituto Politécnico Nacional y nieto de maestro rural forjado en el cardenismo. El pan que llegaba a casa y que me alimentó en la infancia venía de PEMEX, en algún verano conocí el corazón de la refinería 18 de marzo y en los hangares las entrañas del Hércules, imponente aeronave de transporte pesado de la empresa. Recuerdo con gusto los suplementos infantiles de las revistas de difusión con ese personaje tan bonito que era una gota de petróleo humanizada llamado “Chapo” (nada que ver con la connotación actual). Mi mamá me decía que si no usaba mis zapatos ortopédicos me iba a quedar como el Charrito Pemex, imagen de la paraestatal hacia el medio siglo. Por donde se quiera ver, Petróleos Mexicanos y la obra cardenista es parte fundacional de mi existencia.

En otras ocasiones he hablado de la vergüenza que me produce el estado actual de la diplomacia nacional, otrora luz y guía del mundo “civilizado”, ejemplo y orgullo del estado mexicano moderno. Me pregunto por aquella generación de ejemplares diplomáticos que dejaron cuerpo y alma en el servicio exterior: Genaro Estrada, Narciso Bassols, Jaime Torres Bodet, Daniel Cosío Villegas, Alfonso Reyes, Luis I. Rodríguez, Gilberto Bosques, Octavio Paz y Gonzalo Martínez Corbalá, sólo por citar unos cuantos. Hoy no hay mexicanos de esa talla que aboguen por los derechos nacionales ni por la libre determinación de los pueblos; todo lo contrario: la abominable abyección de los (des)gobiernos de la “alternancia” ante el exterior sume en la vergüenza los esfuerzos de aquellos grandes.

No hablemos de un Castañeda, más célebre por su arrogancia que por algún otro mérito que el de ser hijo de su padre, canciller durante el sexenio de López Portillo; tampoco de una grisácea y patética Patricia Espinosa, funcionaria más bien decorativa que sólo luce cuando se trata de doblarse ante el interés extranjero. No. Hablemos del sujeto que en malahora ocupó “haiga sido como haiga sido” el poder Ejecutivo. Emanado del partido que surge para dar la contra a la política social del General Don Lázaro Cárdenas, ese que devolvió la dignidad al campesino y por lo que, como nadie, ha merecido ser llamado “Tata”; ese que defendió a la Etiopía del imperialismo  fascista italiano y a la España republicana de la agresión pretoriana y clerical sostenida por el nazismo; ese que, contra el poder aparentemente irrefrenable del capital del primer mundo restituyó la materia de las entrañas de la tierra a la patria mexicana y que recibió el apoyo unánime de la población, quien pagó los costos de la Expropiación hasta con gallinas y guajolotes.

Ese sanguinario que hoy se arrastra ante el interés extranjero nunca ha sabido qué país está desgobernando, menos aún la casta de hombres que ha dado la tierra donde maldita sea la hora nació. Don Lázaro pudo doblegar la ambición de las petroleras extranjeras, pero eso aquél no lo sabe ni quiere saber pues no manda una nación, sino que obedece a otros amos.

Como mexicano me siento terriblemente avergonzado de las desafortunadas declaraciones de ese sujeto ante la expropiación del 51% de las acciones de Repsol en YPF por parte del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner: “irresponsable”, “lamentable”, “precipitada”, que “nadie en sus cinco sentidos” sabe que hacen bien “estas cosas”, son sólo algunos de los rebuznos del “mandatario” mexicano, que más bien vocero o bien de Repsol o bien de Rajoy.

Por su parte, el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, quien ahoga a ese pueblo con recortes a la educación, salud, sueldos y prestaciones, pero que mantiene intacta la aportación al clero y que no hace sino seguir los dictados de Angela Merkel, vendrá a dictar instrucciones al lacayo de Los Pinos. El tono agresivo y colonialista de las declaraciones de Rajoy hacia una nación que aspira a la soberanía energética –cosa que no pueden entender los del Partido Popular (sic), porque España importa su petróleo por la inexistencia de dicho recurso en la Península Ibérica- no hace sino demostrar que los herederos de Franco aún miran a los países americanos como colonias renegadas a las cuales hay que disciplinar.

He seguido el penar de los españoles en la crisis porque también viví junto a ellos el inicio de esta debacle. Ante un régimen que a menos de tres meses provoca con sus medidas inhumanas disturbios que tan sólo imaginábamos en las películas distópicas de los años ochenta, cabe suponer que la retórica patriotera es el único recurso para tratar de hallar un enemigo común y hacer olvidar la problemática interna. Repsol no es España y la expropiación no es contra los españoles ni contra su gobierno. Recuerdo que gente de a pie en aquel país me decía que ojalá en América pudiésemos separar la noción de las empresas de la visión del país, pues lo que hacen en nuestras tierras Santander, BBVA, Repsol, Iberdola, Gas Natural y Telefónica es lo mismo que padecen ellos.

Recuerdo la saña contra el presidente boliviano Evo Morales de los periódicos de la derecha, como ABC y La Razón (sic), así como en las emisoras radiales COPE (propiedad del episcopado español) e Intereconomía. Parece no importarles el desperdicio de tinta, papel y saliva que si por su peinado, que si por sus suéteres, que si por sus sacos. El noble concepto de “Indio” es usado por estos medios en forma denigrante contra el que orgullosamente lo es y que tuvo a bien expropiar los hidrocarburos. Otro caso es el de Hugo Chávez, el monstruo por excelencia en el imaginario del político español sea del PP o del PSOE, que cometió el pecado de nacionalizar Santander y que, como as bajo la manga, se saca en los momentos de mayor necesidad de una cortina de humo.

Los saldos del neoliberalismo están a la vista de todos: desempleo, descontento y desesperanza de esta generación, la más preparada de la historia pero la más obstaculizada en su desarrollo. ¿Recordemos aquellas pintas de principios de la década pasada que decían “Si privatizar es la cura ¿por qué Argentina agoniza?”. El descrédito de los gobiernos gerenciales es evidente en cada latitud hacia donde se quiera mirar y así mismo la política exterior mexicana, reducida a un mero acto de heraldo de intereses ajenos a la voluntad nacional es incuestionable.

El presidente del empleo y de las manos limpias hace gala de su desapego por la historia y por los principios fundamentales que normaron la relación con otros pueblos y que dio a México un lugar de honor que hoy se ve irrecuperable.

Vergüenza, vergüenza, vergüenza… No hay vida suficiente para lamentarlo.

 

http://www.eluniversal.com.mx/notas/841828.html

Recuerda, recuerda el 5 de noviembre.

Recuerda, recuerda el 5 de noviembre.

Antes que Anonymus, antes que la película de los hermanos Wachowsky, antes que la novela gráfica de Alan Moore está la celebración por la salvación de la vida del rey James I de Inglaterra tras el fracaso de la voladura del parlamento por Guy Fawkes y otros 12 conspiradores para lograr imponer una monarquía católica el 5 de noviembre de 1605. Fawkes fue descubierto y ejecutado y desde entonces monigotes con su figura se queman, a la manera de los Judas mexicanos –ambos encarnan la idea del traidor máximo- en los espacios públicos en un ambiente de regocijo popular.

La creación de la Iglesia Anglicana por Enrique VIII desbanca la figura del Papa como máximo representante de Dios en la Tierra, papel asumido entonces por el rey de Inglaterra (ver Los Tudor); a la declinación del culto a la Virgen María la respuesta que asume la hija de Enrique VIII y Ana Bolena es asumirse ella misma, Isabel I como reina, madre y virgen, siendo su reinado llamado no sin razón La Edad de Oro (al que poca justicia le hace la vistosa pero argumentalmente endeble y maniquea película homónima). Así, el poder religioso y político se fusionan y consolidan el poderío británico en adelante.

La Conspiración de la Pólvora se origina por la represión del culto católico en las islas británicas por el nuevo rey de la casa Stuart, James. Para represiones religiosas en el sentido de asegurar la supremacía del Estado el siglo XVI inglés es el mejor ejemplo: en el reinado del ya mencionado Enrique VIII destaca la disolución de los conventos y el combate de la Peregrinación de Gracia, movimiento de campesinos católicos abanderados por los emblemas de las 5 llagas de Cristo y el Sagrado Corazón para impedir tales acciones. Más adelante, siendo ya reina María, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, primera de seis desafortunadas esposas, se llevó a cabo la restauración a sangre y fuego del catolicismo, motivo por el cual en la historiografía inglesa se le conoce como María la Sanguinaria (Bloody Mary). Es su sucesora, su media hermana Elizabeth, quien consolida para siempre el credo anglicano.

Es curioso que lo que se destaque de la fiesta de la Conspiración de la Pólvora en la actualidad no sea precisamente la reivindicación de catolicismo, sino del rebelde que se atrevió a llevar un atenado, hoy considerable como terrorista –palabra de todos los días-, la monarquía inglesa y sus instituciones. Tanto la novela gráfica de Moore como la película de los Wachowsky son enfáticas en este sentido: no importa el hombre, sino las ideas, por ello el espectador jamás puede observar el rostro o saber el nombre de V.

Hoy, este personaje es el rostro de todos aquellos que de alguna u otra forma aspirarn al derrocamiento no sólo de un régimen político, sino también económico. Vivimos en una era en el que el gobierno es un mero instrumento o gestor de las empresas trasnacionales. El capital no tiene patria no sin justicia los depositarios del poder ejecutivo suelen ser llamados “peleles”. Los pueblos con muerte y hambre han visto cómo las doctrinas del llamado sistema neoliberal ahondan la brecha entre la miseria y la opulencia y quienes reivindican las ideas de los antiguos próceres son tachados de trasnochados y anacrónicos: románticos sumidos en sueños de opio.

Fawkes se inspiraba en la doctrina del Tiranicidio, reconocida por la Iglesia Católica y abiertamente promovida por los Jesuitas. De César en adelante, fueron pocos los emperadores romanos que no terminaron sus días por las dagas de sus enemigos. El mismo pueblo inglés en la época moderna llevó a la práctica esta idea tras su Guerra Civil a mediados del siglo XVII con la decapitación del monarca Carlos I y los franceses con Luis XVI y toda su familia. Son cuestionables los casos de Lincoln y los Romanov, aún cuando el primero sucumbió al grito fanático de Sic Semper Tyiranis, extraído del lema del Estado de Virginia. Tiempo atrás Franklin, en la conformación de la nueva república de los Estados Unidos proponía el lema Rebellion to Tyrants is obedience to God, que aunque rechazado, remonta al espíritu de la Declaración de Independencia de 1775.

México es un extenso catálogo de muertes notables, su vida independiente se gesta con crímenes políticos, el asesinato de Primo Verdad en 1808, autor del fallido proyecto de autonomía de la Nueva España, la traición a Vicente Guerrero en 1831, el afortunadamente infructuoso intento del gobierno usurpador y espurio de los conservadores de dar muerte al verdadero Presidente Don Benito Juárez en 1857 cuando Guillermo Prieto se interpuso entre el Benemérito y las bayonetas enemigas al grito de LOS VALIENTES NO ASESINAN. La caída de Madero inaugura en el siglo XX la institucional costumbre de la eliminación del adversario político al golpe de los poderes fácticos: Carranza por obstaculizar la carrera política de Obregón, y éste por obra y gracia del fanatismo católico al grito de Viva Cristo Rey. Hasta Colosio, México ya no había vivido un crimen de tal magnitud.

Hoy en el mundo, el tiranicidio se aleja de la concepción romántica de antaño pero a la vez cobra otro matiz: es una muerte selectiva y a conveniencia de los grandes poderes imperiales disfrazada ante ella opinión pública mundial de acto de justicia cuando se trata de enemigos de frenan la marcha de progreso petrolero norteamericano, como Hussein o Kadaffi, pero por otra parte, el regreso de la imagen, ya no de Fawkes, sino de V, el personaje ideado por el notorio autor de cómics y novelas gráficas Alan Moore, es el nuevo ícono de la rebelión no contra una monarquía o una religión, sino contra toda forma de poder que daña al pueblo.

Desafortunadamente cayó, creo yo por falta de estrategia, la campaña de Anonymus para hackear a Los Zetas, pero este grupo ha demostrado sus capacidades en México al tumbar momentáneamente las páginas oficiales de la  presidencia (si, con minúscula), y otras dependencias de gobierno. El rostro de V además se ha comenzado a ver cada vez más frecuentemente en las manifestaciones contra el sistema neoliberal que ha llevado a la quiebra al mundo por las acciones del 1% de la población mundial, dueños de una riqueza inefable que ha llevado a la miseria a la mitad de la población mundial y a la desesperanza al otro 99%

Recuerden, recuerden el 5 de noviembre: ¿trabajan de lo que estudiaron? ¿Ganan lo que merecen de acuerdo a su preparación? ¿Viven en una zona con una tabulación de sueldos inferior a otra en el mismo país? ¿Su formación, experiencia y conocimiento es valuada de forma inferior por carecer de papeles académicos y certificaciones diversas? ¿Su sueldo es menor por ser mujeres? ¿Su hora de trabajo vale la 5ª parte de otras profesiones? ¿Los bienes de consumo valen lo que cuestan? ¿Han tenido que descartar –no priorizar- la recreación o la formación por carecer del alimento? ¿El gobierno bajo el que “viven” es el que escogieron o en su caso, el que esperaban?

Si la mayoría de tus respuestas es NO, entonces más allá de la máscara de Fawkes o V, eres parte de ese 99% de la población mundial que no desea seguir más en el sistema que tú no elegiste, sino que te impusieron desde las escuelas de economía de Harvard y Chicago.

Dicen que en 2012 se acaba el mundo. Si son verdad esos alucines esotéricos en los que jamás he creído, espero que sea justamente –y por “justamente” me refiero tanto a lo preciso como al acto de justicia- este mundo que te acabo de describir.

Con máscara o sin ella, pero la última oportunidad está, para México, en las siguientes elecciones. Alguien dijo alguna vez en tono más retórico que sincero y con lamentablemente inútiles esperanzas: “Ya nos saquearon, no nos volverán a saquear. México no se ha acabado”.  Hoy quiero que rescatemos el verdadero sentido de esta frase y si bien no podremos demoler el parlamento o la casa del primer ministro –como muchos quisiéramos-, al menos hagamos limpieza total y desterremos para siempre a los culpables de nuestra ruina.

Me despido con el testimonio de Ignacio Allende en la víspera de su fusilamiento:

“Mis acciones más que de alta tracción, son en verdad de alta lealtad”

(Acatita de Baján Chihuahua, junio de 1811)

 

 

 

Los Cuatro Jinetes… de la caballada flaca

La Historia ha sido motivo de varias frases para el bronce. ¿Quién no recuerda aquella célebre carta en que el Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez García, en su calidad inequívoca de Presidente de la República Mexicana, responde a Maximiliano de Habsburgo, títere del imperialismo francés y de las ambiciones y traiciones de los conservadores mexicanos, (la derecha ese partido que el Dr. José María Luis Mora llamaba en sus sesudos análisis, el “del Retroceso”), a su pretensión de invitarlo a formar parte de su Imperio? Digna, dignísma y elegante prosa con la que el que naciera como un humilde pastorcito zapoteco de Guelatao, situara en su justa dimensión la realidad de los acontecimientos:

 

Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios una virtud; pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad, y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará.

 

Así pues, ese fallo tremendo es al que hoy llamo por testigo ante vosotros para que con pleno conocimiento de causa, encaminéis vuestras conciencias hacia la senda que habrá de llevar a este país a rumbos distintos que el de la sangre, la muerte, la desesperanza y el hambre.

 

Hoy, cual jinetes del Apocalipsis, cuatro personajes restan en la cínica ambición de prolongar el mandato de la estulticia y el terror.

 

A todos vosotros que me leéis hoy os pregunto: ¿Qué de digno hay en estos personajes que pudiesen ofrecer a la redención nacional? ¿En dónde vos como ciudadano de esta nación quedáis en las acciones de todos ellos?

 

He aquí una brevísima relación de los trabajos y los días, de las palabras y las cosas de quienes se ostentan como las cartas fuertes del partido que ha venido destruyendo a este desgraciado México.

 

Dejo a vosotros pues, la ardua tarea de sentenciar su proceder:

 

Josefina Vázquez Mota

http://www.eluniversal.com.mx/notas/588926.html

El Universal. Sábado 04 de abril de 2009

Josefina Vázquez Mota, secretaría de Educación Pública (SEP) presentó su renuncia al presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, luego de aceptar una candidatura a una diputación federal por la vía plurinominal que le ofreció su partido Acción Nacional en las próximas elecciones federales del 5 de julio.

La ambición personal por encima del servicio a la nación, ello para escudar su ineficiencia e impotencia ante los poderes fácticos que han desvirtuado por dos décadas el nobilísimo arte de enseñar.

 

Santiago Creel

http://www.eluniversal.com.mx/columnas/71460.html

El Universal. 19 de mayo de 2008

Lo publica hoy la revista Mi Guía: el acta de nacimiento revisada, apenas el 4 de marzo pasado, de Constanza, la bella hija de Edith González: su nombre completo es Constanza Creel González. ¿El nombre del padre? Santiago, de profesión abogado.

Ahí está: publicado ya. El folio es el 11868837. Fue registrada ante la Lic. María de los Ángeles Pliego Velasco, juez 46 del Registro Civil. Y el acta es la 605.

La revista la publica como verdadera y si así es, resulta nada menos que la confirmación del rumor que, estoy segura, contribuyó de manera contundente a que no ganara la candidatura presidencial panista en el 2006. Que le costó, también, su matrimonio. Y no me entretengo en la bola de “hubieras” que detonan la primera frase.

Un hombrecito que es digno representante del partido de la gente decente.

 

http://www.jornada.unam.mx/2005/06/17/003n1pol.php

La Jornada. Viernes 17 de junio de 2005

Abrirán 450 salas de juego con los permisos de Creel: Gobernación

Serán utilizados por la empresa Televisa para operar casinos vía la red de televisión abierta.

Sería injusto lanzar especulaciones. Preguntemos primero en Monterrey.

 

 

Emilio González Márquez

http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=358832

http://www.youtube.com/watch?v=nqBB9vGLFZE

La Crónica. 26 Abril 2008

“¡Chinguen a su madre!”, exclama a sus críticos el gobernador de Jalisco; “me vale madre”, dice y dona otros $15 millones a grupo ligado a la Iglesia católica

Entre el amor al prójimo y el Estado Laico

 

Ernesto Cordero

http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=716949

http://www.youtube.com/watch?v=W5CZDSjuOIU

Ernesto Cordero, secretario de Hacienda y Crédito Público, debe ser un hombre de fe. De otra manera no se explica cómo puede creer en milagros, porque no otra cosa es que una familia mexicana pueda vivir con seis mil pesos mensuales de los que se tiene que solventar la alimentación, aseo, el vestido, la luz y, entre muchos otros gastos, el abono de la casa, la mensualidad del coche y hasta la colegiatura de los hijos en un colegio particular.

Juicio certero y calculador de quien opera las finanzas públicas.

 

Hélos aquí en todo su esplendor.

De vosotros es la última palabra.

 

Un mexicano

 

 

La resurrección de un viejo comic español

Para Rodrigo Corona.

http://es.wikipedia.org/wiki/El_Capit%C3%A1n_Trueno

Al Capitán Trueno lo conozco por cultura general, sólo he leído en la biblioteca de Salamanca, provincia de Castilla y León, un “tebeo” recopilatorio y me bajé una novelita gráfica que reinterpreta su origen con arte nuevo. Por lo que sé, ante la suspensión en España de la importación de historietas mexicanas de Editorial Novaro de Batman y Superman por la dictadura franquista, alegando que los niños podían desvirtuar su pensamiento cristiano por confundir a, primero con un demonio y al segundo con un ángel (es neta), se creó un personaje más adecuado para el nacional-catolicismo.

http://www.youtube.com/watch?v=a9v5F4tXYUI

http://www.youtube.com/watch?v=935BCteD8_Q

Recordemos que en Watchmen, universo donde los super héroes sí existen, los comics son de piratas, y que en las tiras dominicales del periódico ya existía el legendario príncipe valiente. En la literatura estaban las novelas de Salgari y otros personajes como el Capitán Sangre (pirata ya llevado al cine por Errol Flyn) y Capitán Veneno (novela sobre espadachines tipo Alatriste). El Capitán Trueno encarna los valores de la España medieval, la de las tres culturas, la cristiana, la árabe y la judía, que se tiene como una época dorada.

http://www.youtube.com/watch?v=ELzgYTAqO14

http://www.youtube.com/watch?v=XujmV9OOwRE

Es muy aventurado pero lo voy a decir: quizá hasta haya una leve influencia del Capitán América por el sentido de que el personaje encarna los ideales de una nación. En fin, eslo que tuvieron los niños de la dictadura para divertirse con historias épicas no politizadas (pues hubo historietas sobre el triunfo del franquismo en la Guerra Civil, recordemos Flechas y Pelayos, historieta didáctico moralizante para niños elaborada por el partido unificado de la Falange y los Carlistas -Falange Española Tradicionalista: Flechas por las del escudo de la Falange y Pelayos por parte de los carlistas en alusión a Pelayo, Rey de los Astures, quien detuvo la invasión mora en el norte). Las historias son de aventuras y no hay moralejas como en GI Joe o los Halcones Galácticos, sólo es que el caballero cristiano es intachable, fuera de eso, no veo politización.

http://es.wikipedia.org/wiki/Flechas_y_Pelayos

http://www.youtube.com/watch?v=ZCiD9JacbX4&feature=related

No puedo asegurar que Capitán Trueno haya sido un instrumento como tal de la dictadura, pues en ese caso podríamos acusar de lo mismo a otras formas de diversión como las comedias bobas de Don Paco, Pili y Mili y Rocío Dúrcal, o música como Raphael o Camilo Sesto. Creo que más bien, ante la merma de la intelectualidad por el exilio en México, Argentina y Chile, así como en Francia, la cultura del entetenimiento llenó ese vació ante el arte oficialista.

http://www.youtube.com/watch?v=GklCPvtw3xI&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=FQde2aQ2MNQ

Por otro lado, la generación que pertenecemos a la época de la Transición a la Democracia en España (1975-1982), crecimos con Ruy el pequeño Cid, en la que claramente se percibe el mensaje de fidelidad al Rey y aporta el elemento significativo de que ni todos los moros son malos ni todos los cristianos son buenos, además, claro, que está basada en el poema de las Moceades del Cid. Mi argumentación sobre Ruy se basa en que corresponde esta serie a la consolidación de la Monarquía tras el fallido golpe de estado del 23 de Febrero de 1981 en que el Rey condenó el hecho y apuntaló el proceso democrático, desactivando con ello lo que quedaba del aparato franquista.

http://www.youtube.com/watch?v=8TmCMG9Gm1I&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=gtZwHnnCgXo

http://www.youtube.com/watch?v=BebKvI9I9gc&feature=related

A todo esto quiero concluir que yo si espero poder bajarme pronto esta película, y disfrutarla como lo que pretende ser en la actualidad: una película de aventuras con cierto toque nostálgico y nada más. ¿Por qué escribí esta entrada? No por la película misma, sino por los comentarios que despertó en la nota del periódico Público.

Curioso, esto lo escribo a unas horas de haber visto Linterna Verde, otra película de monos.

Aquí la nota:

http://www.publico.es/culturas/390986/el-capitan-trueno-sigrid-y-goliath-ya-tienen-trailer

Fan service:

http://www.youtube.com/watch?v=gvYTT79B5kQ&feature=related

Una historia de familia: 1938-1939

Texto publicado en el sitio Historias de familia (o algo así), ya ven que yo para eso del bicentenario nomás no. Quise rescatarlo para compartirlo con más gente. Ya lo había puesto en notas de fesibuc, pero no en mi blog. Ojalá que les guste a los que no lo hbían leído y que les vuelva  gustar a los que ya.

…………………..

 

El día que el General don Lázaro Cárdenas hizo su arribo a San Luis Potosí para repeler la insurrección de Saturnino Cedillo, mi abuelo Roberto estuvo ahí. Cedillo, importante combatiente revolucionario, se había distanciado del General Cárdenas aún con todos los privilegios que había recibido de su régimen; fue despedido de la Secretaría de Agricultura por su intervencionismo en la huelga de estudiantes de la Escuela de Agricultura de Chapingo y rechazó la comandancia militar ofrecida por el Presidente para evitar el rompimiento.

El escenario nacional era sumamente tenso: las compañías petroleras extranjeras y sus gobiernos habían iniciado un boicot a la producción y compra de insumos y materia prima en represalia por el Decreto expropiatorio emitido por el Presidente en el 18 de marzo de 1938. En 1937 se había fundado la Unión Nacional Sinarquista en León, Guanajuato, agrupación política de carácter confesional, resguardo de los veteranos cristeros y de inspiración declarada en el nacionalsocialismo de Alemania, el fascismo italiano y el falangismo español. En la capital, grupos abiertamente reaccionarios y algunos de ellos también de declara influencia nazi, como los Camisas Doradas o la Confederación de la Clase Media se oponían por medio de la violencia callejera a las políticas sociales y humanitarias del General Cárdenas.

Los sectores conservadores además, no cesaban de criticar a través de la prensa la condena del régimen mexicano a la invasión italiana a Etiopía en 1935, la amistad con la República Española, el apoyo diplomático y material para durante la Guerra Civil y la condena al alzamiento de Franco, y posteriormente el asilo de decenas de miles de republicanos españoles. El Presidente, sin duda, tenía un panorama adverso, peor aún con la injustificable defección del general Cedillo quien, pagado por las compañías petroleras extranjeras y por agentes del nazismo en México como Hellmuth Oskar Schreiter (fundador de la Unión Nacional Sinarquista), Heinrich Northe y Ernst Von Merck, se levantó en armas en su natal San Luis Potosí al poco tiempo de implementadas las primeras acciones del Decreto expropiatorio del petróleo.

Convencido el Presidente Lázaro Cárdenas de la necesidad de consolidar la paz en México, pese a que encabezó personalmente las maniobras del Ejército Mexicano para sofocar la rebelión cedillista, siempre sostuvo su confianza en el acercamiento y la persuasión, sin embargo, el jefe rebelde no cejó en su empeño por dirigir la causa de la reacción y de los extranjeros. Contaba mi abuelo materno, Ing. Roberto Ramírez Medina (1924-2005), que siendo él un estudiante de secundaria en la capital potosina, presenció la llegada a esa ciudad del Presidente Lázaro Cárdenas hacia el último tercio del año de 1938, con un determinado número de tropas para sentar ahí su centro de operaciones contra la rebelión de Cedillo. Recuerda también cómo el Presidente ordenó la requisa de todos los camiones y vehículos de carga pesada de la concesionaria automotriz de Daimler-Chrysler de esa ciudad, cómo los soldados comenzaron a pintar los vehículos de verde olivo y en cuanto estuvieron secos partieron hacia la sierra en busca de los alzados. Las noticias llegaban poco a poco; se sabe que la rebelión en realidad tuvo escasas o nulas posibilidades de llegar a buen fin, en primer lugar por el abrumador apoyo que el pueblo mexicano había mostrado ante la medida de nacionalización de la industria petrolera, aún con los enormes sacrificios para la nación que esto implicó.

En la Ciudad de México el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes sirvió como un centro de acopio para los donativos en metálico y en especio que los mexicanos aportaron para el pago de la indemnización a las compañías extranjeras; la narración final de la película “La Rosa Blanca” claramente lo dice: “Una ola de patriotismo y de júbilo congregó a multitudes que en toda la nación apoyaron el gesto de su gobierno… ante la urgencia que provocaba la repentina deuda nacional, cada ciudadano contribuyó con una parte, a veces la más valiosa o querida de sus propiedades, y en un momento dado, el desprenderse de un objeto puede ser tan heroico como empuñar un rifle”. Personajes tan relevantes de la política nacional como lo fue el Ing. Heberto Castillo alguna vez narraría que siendo niño fue a donar su domingo de cinco centavos.

Por otra parte, el gobierno del presidente norteamericano Frankin D. Roosevelt, a través de su secretario de estado Cordel Hull y del embajador en México Jospehus Daniels, sabía perfectamente de la solidez de la política cardenista y de las consecuencias negativas a nivel internacional de intervenir cuando el detrás del rebelde estaba el nazismo. Dentro de las estrategias para la pacificación del Presidente Cárdenas destacó la difusión de sus mensajes a través de volantes impresos lanzados desde un avión en las zonas cedillistas instándolos a la rendición con todas las garantías, lo que logró mermar fuertemente el número de rebeldes, compuestos principalmente por campesinos, muchos de ellos ajenos al conflicto petrolero y más bien fieles a Cedillo por cuestiones de cacicazgo. Por el contrario, lo que los aeroplanos de Cedillo arrojaron fueron bombas de fabricación casera en el aeródromo potosino, afortunadamente sin víctimas, logrando salir ileso en General Manuel Ávila Camacho.

El 11 de enero de 1939 Cedillo fue abatido por las tropas federales. Para ese momento, los apoyos recibidos del extranjero y de la reacción mexicana se habían esfumado. El Presidente Cárdenas no dejaría de lamentar la muerte de Cedillo, sin embargo éste había rechazado la amnistía y el exilio propuesto a Estados Unidos todas las veces posibles. Relata el joven Roberto, mi abuelo, que a él y a los muchachos de su generación, los juntó el Ejército para trasladarlos a las zonas de combate a ayudar a recoger los restos de batalla. Armas, municiones, monturas de caballos, restos de vehículos y sobre todo, y en especial es lo que recuerda, fragmentos de aeroplanos con alas de lona como los de la Primera Guerra Mundial; nunca me dijo si estuvo también en contacto con los cadáveres de los caídos pero supongo que no, pues lo habría relatado también. Esa fue la primera vez que mi abuelo fue testigo directo de hechos definitorios del rumbo del país. En sus manos estuvo la historia de una guerra poco conocida y en sus recuerdos la vivencia de haber colaborado aunque fuese de manera tan pequeña, con el proyecto cardenista.

De reyes y otros güeyes

Alguna vez un buen amigo español me preguntaba en tono un tanto chusco en una plática de acera que lo mismo podía ser de religión  toros o  futbol –esas cosas de las que no se debe hablar, pero sobre las que nos encanta despotricar-, que quién me gustaría que fuera el rey de México. Las primeras palabras que me vinieron a la mente fueron muy sencillas: “No mames”.

Después de pensarlo un rato recordé que en nuestro país José Alfredo Jiménez no tiene trono ni reina, ni nadie que le comprenda, pero sigue siendo el rey. Igualmente, Germán Valdés Tin Tan ya era El rey del barrio, pero pensé para mis adentros que debía esforzarme más y pensar más seriamente una respuesta; así, llegué a que José José era el Príncipe de la Canción, pero pronto lo descarté porque en verdad es un payaso, pero qué le va a hacer: uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser. De ahí, mi concentración se enfocó en que Eulalio González Piporro era el Rey del Tomate. Siguiendo con mis cavilaciones pude llegar a la respuesta que creí más atinada: Adalberto Martínez Resortes era de hecho El Rey de México.

http://www.youtube.com/watch?v=EyRN5u59zyM

http://www.youtube.com/watch?v=_zyPOrkcJso

http://www.youtube.com/watch?v=I7DYOZLzbrU

http://www.youtube.com/watch?v=ecg8eAnIgIU&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=PJEDJE-rHXc

Parece que ninguna de mis opciones convenció a mi interlocutor, quien nacido algunos años después de la muerte de Franco, la idea de vivir en una monarquía constitucional, sistema compartido por otra media docena de países europeos, es algo muy normal y hasta cotidiano.

“No tío, pero venga. Imaginadlo seriamente: ¿Quién podría ser rey de México?”

Bueno, pues si las cosas fueran así, pues… Cantinflas, Pedro Infante, María Félix…

En fin, la verdad es que de primera entrada, la idea de una monarquía en México es prácticamente inexistente. Es posible hablar hoy en día de que es el crimen el que reina sobre México, pero ese tema no satisface la pregunta, así que poniéndonos más serios podríamos decir que pienso en Carlos Slim, Emilio Azcárraga Jean y Elba Esther Gordillo por razones que no creo necesario explicar a ningún mexicano, menos cuando esta última ha declarado públicamente cómo fue que impuso al nunca mejor llamado PELELE que funge como si secretario particular.

¿Lo ven? Para pensar en una monarquía en México, en toda la extensión de la palabra, hay que saltar dos barreras psicológicas: la de la broma y la de los poderes fácticos.

Ahora bien, quiero traer al recuerdo o al conocimiento del querido lector la figura de Orélie Antoine de Tounens, loco aventurero autoproclamado en 1861 Rey de la Araucanía y la Patagonia, un efímero reino nunca reconocido por nación alguna y existente sólo en su imaginación, que abarcaba la mitad de Argentina y una porción central de Chile.

http://www.youtube.com/watch?v=8LNewPYyg0E&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=Y4cCJ0MKiik&feature=related

En México hubo también intentos de filibusteros extranjeros de fundar ciertos estados sobre el territorio mexicano. Esto fue logrado en 1836 por los colonos texanos en contubernio con los Estados Unidos con las consecuencias ya conocidas: una vez obtenida su independencia, la efímera república de Texas (1836-1845) se anexó al país del norte como un estado más, situación que detonó, junto con la ambición expansionista, la guerra de invasión y conquista sobre un debilitado México incapaz de defenderse de tal agresión.

Con respecto a la monarquía: Se sabe que Iturbide se inventó su imperio fundado sobre las ruinas de una nación semidestruida y sobre su propio oportunismo y ambición, por lo que a su caída, el republicanismo mexicano fue una idea inmediata. Por efectos de simplificación digamos que los antiguos realistas abrazaron la preferencia por la forma central y los antiguos insurgentes la federal, de ahí que, hacia 1840, durante la presidencia de Anastasio Bustamente, la publicación de la llamada Carta Monárquica de José María Gutiérrez de Estrada, en la que llamaba a considerar la opción de instalar a un monarca europeo en México en vista de los fracasos de la república en sus dos formas, causó un escándalo nacional, aún entre los antiguos iturbidistas –como el mismo presidente Bustamante-. La idea de la república como forma de gobierno en México era pues inamovible.

Pasarían dos décadas hasta que este mismo personaje volviese a figurar como gestor del Segundo Imperio Mexicano, el cual sólo pudo instalarse por la ocupación francesa y que en todo momento encontró la tenaz resistencia de los republicanos fieles al único y verdadero gobernante de México: el presidente Benito Juárez.

A la falta de un heredero varón, Maximiliano adoptó al nieto del primer emperador, el niño Agustín de Iturbide y Green, y a su hermano Salvador, a quienes heredó sus títulos y privilegios, mismos que tras el fusilamiento del “Empeorador” austriaco, fueron reconocidos por el Kaiser Francisco José. Para abreviar, se sabe que el último heredero de este linaje es un magnate residente en Australia que responde al nombre de conde Maximiliano Götzen-Iturbide y que tiene dos hijos: Fernando Götzen-Iturbide, nacido en 1992 y  Emanuela Götzen-Iturbide nacida en 1998. Ninguno de ellos se ostenta como pretendiente al trono mexicano.

http://www.casaimperial.org/losherederos_es.htm

Todas estas historias son las que pueden desprenderse de aquella pregunta que, como se demostró, pueden contestarse desde varias ópticas, pero ninguna con bases sólidas en la realidad social.

En México el sistema republicano ha sufrido varias mutaciones que lo han llevado en la práctica al presidencialismo; son conocidas las ideas de La dictadura perfecta o la presidencia imperial. Algunos presidentes han marcado con su nombre su periodo para bien (el cardenismo) y para mal (todo lo demás) y su mandato sexenal a veces nos parece interminable, peor aún cuando en la última década esa marca personal ha ido de la institucionalización apologética de la estulticia y la oligofrenia a un despotismo tiránico que haría palidecer al mismísimo Díaz Ordaz. La perpetuación de un individuo bajo el sistema monárquico sería simplemente una idea intolerable e insostenible para cualquier mexicano con dos dedos de frente.

Esta reflexión me nació a partir de la noticia de la muerte de Franz Joseph Otto Robert Maria Anton Karl Max Heinrich Sixtus Xaver Felix Renatus Ludwig Gaetan Pius Ignatius, Archiduque y Príncipe imperial de Austria, Príncipe real de Hungría, Bohemia, Croacia, Eslovenia, Dalmacia, Galicia y Lodomeria (1912-2011), último descendiente del Imperio Austro-Hungaro, sobrino biznieto de Maximiliano y quizá en la mente de algún retrógrado o de un experimentador constante de la distopía y la historia contrafactual, pudiera haber sido un candidato al trono mexicano.

 

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/07/110704_habsburgos_emperador_austria_muerte_ms.shtml

De otras opciones como los descendientes de Moctezuma, de Napoleón (bajo el supuesto de que José Bonaparte fue rey de España y de las Indias de 1808 a 1813) o de la reactivación del Plan de Iguala en la figura de los segundo y tercero candidatos ante la negación de Fernando VII (los infantes Carlos María Isidro y Francisco de Asís de Borbón) ya ni hablamos, pero si deveras deveras deveritas hay que pensar en un monarca para México yo propongo que mejor le preguntemos a la virgencita de Guadalupe que ella por quién votó en el Estado de México.